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domingo, 22 de junio de 2008

Estrés en Teleoperadores (II): Personalidad y grado de afección

Una vez que en nuestro anterior artículo conocimos y definimos tanto el estrés como sus principales agentes desencadenantes de una manera específica para la profesión, continuamos en esta entrada conociendo cómo afecta según la personalidad de cada uno.

Debemos de partir de que como en toda enfermedad o afección de la salud, el efecto que provoca sobre la persona que lo sufre irá condicionado por el patrón de conducta, hábitos saludables de la persona, equilibrio físico, psíquico y emocional de la misma y otro enorme compendio de factores. No todos somos iguales y para el estrés tampoco. Trataremos aquí de recoger tres tipos de personalidad que condicionan el tipo de respuesta de la persona ante el distrés. Conociendo cada uno de ellos y haciendo un ejercicio honesto de autoevaluación, podremos saber cómo nos afecta y la necesidad, imperiosa o no, de aplicar métodos y técnicas antiestrés en nuestra vida diaria. Como siempre que se pretende encuadrar a personas en una clasificación más o menos abierta, es casi seguro que no encajemos exactamente en una. Por lo tanto se trata de actuar por aproximación.

Así, tenemos tres patrones básicos de comportamiento frente al estrés:

TIPO A: Personas que viven en una continua situación de distrés, o al borde del mismo. Todo ha de hacerse para ayer, la tolerancia al error es cero o casi, la vida es una carrera y la furia llama a su puerta cada vez que algo se desvía o no sale bien. Entre teleoperadores es un tipo de persona con frecuentes altercados con los clientes, compañeros o superiores. No aceptan directrices de trabajo sino que imponen las suyas. Son hipercompetitivos y arteros, con una tendencia preocupante a saltarse las normas de procedimiento y de comportamiento laboral o social con tal de alcanzar sus objetivos.

TIPO B: Es una conducta de aceptación negativa de la realidad. Las cosas vienen como vienen, nada puede hacerse para cambiarlas. A pesar de tener una vida laboral o social aceptable o incluso buena o muy buena, está continuamente pensando en las carencias. Es un sufrimiento de baja intensidad pero continuo y frustrante a medio y largo plazo. Degenera en situaciones de burn-out (estar quemado). Provoca un estrés orgánico difícil de valorar en sus causas, debido a que éstas son difusas y muy subjetivas.

Entre teleoperadores, es gente que tarda en superar baches emocionales en su relación con el cliente y el entorno de trabajo. Pueden empezar en la actividad muy fuerte, pero con periodos de
bajón que si no se controlan adecuadamente, cada vez se encadenan con más asuididad y menos pausas entre los mismos, afectando a su desempeño laboral y personal.

TIPO C: No es una tipología contraria a las dos anteriores, sino más rica y superior. Como todo el mundo tiene preferencias y urgencias, pero sabe priorizar y gestionar su tiempo. No depende de qué cómo le vienen las circunstancias, sino que las afronta, las analiza y se prepara con antelación para afrontarlas. Es proactivo a la hora de encarar la vida. Sabe que el trabajo tiene facetas desagradables, pero es capaz de asumirlas y desconectar del mismo fuera de la empresa. Son personas por lo general equilibradas y con una tendencia natural a asumir funciones en atención al cliente, con gran capacidad de autoaprendizaje, asimilación de conocimientos, procedimientos y metodologías; así como para provocar con ese bagaje sinergias con el cliente y los compañeros. Si tomamos el estrés como un problema de salud, es sin duda la tipología más saludable.

Estrés en Teleoperadores (I)

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